El silencio y yo nos miramos cara a cara.
Cómo podría querer tener mi rostro marcado, siii marcado por el dolor y unas lágrimas más gigantes y profundas que los mares.
Respiré por otros, sonreí por ellos, tomé sus miedos cómo propios, y me hice cargo de todas sus miserias.
El tiempo...va apoderándose de mí sigilosamente, sin piedad, sin culpas, sin compasión.
Y aquí sentada, en la soledad más absoluta y callada, me pregunto repetidas veces: por qué se nos muere el alma cuándo entregamos todo, sin pedir nada?
Llegas con una sonrisa en lo más profundo de mis mares.

Comentarios
Publicar un comentario